-No me creo que sea el único. Di lo que quieras pero no me lo creo.
-¿Pero por qué no te lo crees? ¡Es la verdad! Solo hay uno en mi vida y es él. Es el amor de mi vida.-Le contesté sin pensar. Pero Abigail seguía insistiendo en que no se lo creía y a mí eso me exásperaba. No porque me importara que ella lo dudara, o por tener que repetírselo diez mil millones de veces, o porque pensara eso por rumores absurdos. No. Me exasperaba porque era cierto.
Era absoluta y completamente cierto. Solo le quería a él. Y eso me jodía infinitamente. No podía dejar de pensar en ello. ¿Cómo había llegado a esa conclusión? De ninguna manera. De ninguna fría, racional y comprobable manera. Simplemente me había surgido de algún recóndito lugar de mi ser, y desde aquel momento supe que era cierto con la misma certeza que sabía que dos más dos siempre hacen cuatro. Que era lo lógico, lo natural.
Que era lógico que el fuera ser el amor de mi vida aun sin saber los que me depara conocer el futuro. Que era natural que nunca fuera a sentir con tanta intensidad a nadie. Y entonces suspiré, porque eso quería decir que nunca volvería a sufrir como ahora lo hacía.
Eres toda una princesa, me encantas. -Yo no soy una princesa. -Sí lo eres. -No, ni quiero. Sé que intentas comerme la oreja para después comerme la boca pero lo único que te vas a comer esta noche es una hostia.
TRASLADO EFECTUADO.
Para los que me interrogáis, deciros que me he trasladado y por tanto no seguiré escribiendo aquí. El nuevo blog -que contiene también las entradas de este mismo-, es éste:
http://www.en-busca-y-captura.blogspot.com/
Como siempre, público para quien quiera disfrutarlo, odiarlo, amarlo, criticarlo y todo lo que se le ocurra.
http://www.en-busca-y-captura.blogspot.com/
Como siempre, público para quien quiera disfrutarlo, odiarlo, amarlo, criticarlo y todo lo que se le ocurra.
Completamente lógico
-No me creo que sea el único. Di lo que quieras pero no me lo creo.
-¿Pero por qué no te lo crees? ¡Es la verdad! Solo hay uno en mi vida y es él. Es el amor de mi vida.-Le contesté sin pensar. Pero Abigail seguía insistiendo en que no se lo creía y a mí eso me exásperaba. No porque me importara que ella lo dudara, o por tener que repetírselo diez mil millones de veces, o porque pensara eso por rumores absurdos. No. Me exasperaba porque era cierto.
Era absoluta y completamente cierto. Solo le quería a él. Y eso me jodía infinitamente. No podía dejar de pensar en ello. ¿Cómo había llegado a esa conclusión? De ninguna manera. De ninguna fría, racional y comprobable manera. Simplemente me había surgido de algún recóndito lugar de mi ser, y desde aquel momento supe que era cierto con la misma certeza que sabía que dos más dos siempre hacen cuatro. Que era lo lógico, lo natural.
Que era lógico que el fuera ser el amor de mi vida aun sin saber los que me depara conocer el futuro. Que era natural que nunca fuera a sentir con tanta intensidad a nadie. Y entonces suspiré, porque eso quería decir que nunca volvería a sufrir como ahora lo hacía.
-¿Pero por qué no te lo crees? ¡Es la verdad! Solo hay uno en mi vida y es él. Es el amor de mi vida.-Le contesté sin pensar. Pero Abigail seguía insistiendo en que no se lo creía y a mí eso me exásperaba. No porque me importara que ella lo dudara, o por tener que repetírselo diez mil millones de veces, o porque pensara eso por rumores absurdos. No. Me exasperaba porque era cierto.
Era absoluta y completamente cierto. Solo le quería a él. Y eso me jodía infinitamente. No podía dejar de pensar en ello. ¿Cómo había llegado a esa conclusión? De ninguna manera. De ninguna fría, racional y comprobable manera. Simplemente me había surgido de algún recóndito lugar de mi ser, y desde aquel momento supe que era cierto con la misma certeza que sabía que dos más dos siempre hacen cuatro. Que era lo lógico, lo natural.
Que era lógico que el fuera ser el amor de mi vida aun sin saber los que me depara conocer el futuro. Que era natural que nunca fuera a sentir con tanta intensidad a nadie. Y entonces suspiré, porque eso quería decir que nunca volvería a sufrir como ahora lo hacía.