Pero no todas suspiramos, yo por ejemplo. Que me alegro muchísimo por ella porque realmente ha encontrado lo que buscaba, es indudable, pero desde luego yo me aterraría si me pasara eso. Soy así. ¿El resto de su vida conmigo? Uff son cosas que ni después de una botella de vodka y diez chupitos de ballantines sería capaz de oír sin salir corriendo. Sí, ante semejante declaración, incluso en esas condiciones sería capaz de huir en menos tiempo de lo que él tardaría en arrodillarse.
Porque yo no quiero un anillo. Ni un collar, ni nada de eso. No, no. Prefiero por ejemplo entradas para un concierto de mi grupo donde poder gritar y saltar como loca a su lado. Habrá quien diga que el anillo es para siempre, y el concierto se acaba. Pero se equivocan, el recuerdo perdura por siempre. Además, yo no quiero promesas de futuro ni sueños de princesa. No quiero que hipoteque su vida prometiéndome estar a mi lado por siempre ni un chalet a las afueras de una ciudad, con jardín, perro y toda una tropa de niños. No. S
Yo quiero que me regale un beso que me quite la respiración hasta que se me queden los labios azules. Una fiesta sin fin donde cada noche vuelva a conocerme. Quiero aventura; día y noche. Que cada mirada resulte algo nuevo, que la rutina nunca nos atrape porque nosotros vamos más rápidos en moto y que cada vez que nos veamos sea como el primer día.
Quiero que lo vivamos al minuto, al segundo, al momento. Que no haya ni un pasado ni un futuro, solo este presente; porque no podemos saber cuando terminará. Que saboreemos cada instante como si fuera la mejor copa que ha tomado en toda su vida. Que nos fumemos nuestros besos y caricias con la intensidad con que lo hace aquel que da la primera calada. En definitiva, no quiero que hipoteque un futuro, quiero que me ofrezca un presente. Al fin y al cabo, es lo único seguro. El aquí y el ahora.