Espera ansiosa su llamada. No hay nada que pueda hacerla despegarse del telefono, ¿cuánto tardará en llamarla? ¿Qué estará haciendo en este momento? Quiere que él la demuestre que aunque cientos de kilometros los separan, la sigue queriendo igual. Lo que para él son vacaciones para ella son días de ansiedad y comezones de cabeza interminables.
No puede evitarlo. No sabiendo lo que sabe. Y es que los pueblos, el alcohol y las zorras propias de los pueblos no le inspiran gran confianza, ni una pizca en realidad. Solo las llamadas de él pueden calmar sus continuas inseguridades.
Las chicas le dicen que no se ralle, que se relaje y distraiga, pero Abigail es incapaz. El mejor momento del día es cuando él la llama y le dice que la quiere, que la echa de menos y no la olvida. Es lo que le da fuerzas para aguantar un día más sin verle, teniéndole lejos. Pero a veces esa ansiada llamada no llega.
A veces, el corazón duerme en vacaciones. Entra en un profundo sueño del que no despierta hasta la vuelta, quizás porque así duele menos, quizás porque se echa menos en falta a la persona amada. Pero Abi es incapaz de entender este sueño, y lo que para él es un descanso, un tiempo muerto, para ella es una tortura en la que todo lo que ella cree que sabe (que la quiere, que la ama, que quiere estar con ella) se desvanece. Y a veces llora. Otras, se desahoga con una amiga.
"Si me quisiera, me llamaría" piensa. Pero no todo es tan sencillo, ni tan facil como Abi cree. La realidad es otra. Si está con ella es porque la quiere, y si no la llama; es porque está ocupado, ausente, o de fiesta, y en ocasiones, en más de las que jamás el admitirá y en muchas más de las que él será realmente consciente, porque duele. Duele oir su voz y saberla lejos. Oirla reir pero no poder ver ni un solo atisbo de su sonrisa. Duele oir su voz quebrarse triste, y no poder secarle las lágrimas. Duelen los "te quiero" si no puede verlos en su mirada. Duelen los susurros cariñosos si no puede sentir el viento de sus palabras en el oido. No poder besarla, acariciarla o simplemente mirarla, riendo como solo ella sabe, duele. Por eso, él prefiere hacer dormir a su corazón.
Abi sufre por su ausencia. Y él por su recuerdo. Pero el sueño es inquieto, y en la duermevela, él la llamará. Porque vale más para él la alegría de ella que su propio dolor.
Eres toda una princesa, me encantas. -Yo no soy una princesa. -Sí lo eres. -No, ni quiero. Sé que intentas comerme la oreja para después comerme la boca pero lo único que te vas a comer esta noche es una hostia.
TRASLADO EFECTUADO.
Para los que me interrogáis, deciros que me he trasladado y por tanto no seguiré escribiendo aquí. El nuevo blog -que contiene también las entradas de este mismo-, es éste:
http://www.en-busca-y-captura.blogspot.com/
Como siempre, público para quien quiera disfrutarlo, odiarlo, amarlo, criticarlo y todo lo que se le ocurra.
http://www.en-busca-y-captura.blogspot.com/
Como siempre, público para quien quiera disfrutarlo, odiarlo, amarlo, criticarlo y todo lo que se le ocurra.
jueves, 8 de abril de 2010
Dormido por vacaciones
Espera ansiosa su llamada. No hay nada que pueda hacerla despegarse del telefono, ¿cuánto tardará en llamarla? ¿Qué estará haciendo en este momento? Quiere que él la demuestre que aunque cientos de kilometros los separan, la sigue queriendo igual. Lo que para él son vacaciones para ella son días de ansiedad y comezones de cabeza interminables.
No puede evitarlo. No sabiendo lo que sabe. Y es que los pueblos, el alcohol y las zorras propias de los pueblos no le inspiran gran confianza, ni una pizca en realidad. Solo las llamadas de él pueden calmar sus continuas inseguridades.
Las chicas le dicen que no se ralle, que se relaje y distraiga, pero Abigail es incapaz. El mejor momento del día es cuando él la llama y le dice que la quiere, que la echa de menos y no la olvida. Es lo que le da fuerzas para aguantar un día más sin verle, teniéndole lejos. Pero a veces esa ansiada llamada no llega.
A veces, el corazón duerme en vacaciones. Entra en un profundo sueño del que no despierta hasta la vuelta, quizás porque así duele menos, quizás porque se echa menos en falta a la persona amada. Pero Abi es incapaz de entender este sueño, y lo que para él es un descanso, un tiempo muerto, para ella es una tortura en la que todo lo que ella cree que sabe (que la quiere, que la ama, que quiere estar con ella) se desvanece. Y a veces llora. Otras, se desahoga con una amiga.
"Si me quisiera, me llamaría" piensa. Pero no todo es tan sencillo, ni tan facil como Abi cree. La realidad es otra. Si está con ella es porque la quiere, y si no la llama; es porque está ocupado, ausente, o de fiesta, y en ocasiones, en más de las que jamás el admitirá y en muchas más de las que él será realmente consciente, porque duele. Duele oir su voz y saberla lejos. Oirla reir pero no poder ver ni un solo atisbo de su sonrisa. Duele oir su voz quebrarse triste, y no poder secarle las lágrimas. Duelen los "te quiero" si no puede verlos en su mirada. Duelen los susurros cariñosos si no puede sentir el viento de sus palabras en el oido. No poder besarla, acariciarla o simplemente mirarla, riendo como solo ella sabe, duele. Por eso, él prefiere hacer dormir a su corazón.
Abi sufre por su ausencia. Y él por su recuerdo. Pero el sueño es inquieto, y en la duermevela, él la llamará. Porque vale más para él la alegría de ella que su propio dolor.
No puede evitarlo. No sabiendo lo que sabe. Y es que los pueblos, el alcohol y las zorras propias de los pueblos no le inspiran gran confianza, ni una pizca en realidad. Solo las llamadas de él pueden calmar sus continuas inseguridades.
Las chicas le dicen que no se ralle, que se relaje y distraiga, pero Abigail es incapaz. El mejor momento del día es cuando él la llama y le dice que la quiere, que la echa de menos y no la olvida. Es lo que le da fuerzas para aguantar un día más sin verle, teniéndole lejos. Pero a veces esa ansiada llamada no llega.
A veces, el corazón duerme en vacaciones. Entra en un profundo sueño del que no despierta hasta la vuelta, quizás porque así duele menos, quizás porque se echa menos en falta a la persona amada. Pero Abi es incapaz de entender este sueño, y lo que para él es un descanso, un tiempo muerto, para ella es una tortura en la que todo lo que ella cree que sabe (que la quiere, que la ama, que quiere estar con ella) se desvanece. Y a veces llora. Otras, se desahoga con una amiga.
"Si me quisiera, me llamaría" piensa. Pero no todo es tan sencillo, ni tan facil como Abi cree. La realidad es otra. Si está con ella es porque la quiere, y si no la llama; es porque está ocupado, ausente, o de fiesta, y en ocasiones, en más de las que jamás el admitirá y en muchas más de las que él será realmente consciente, porque duele. Duele oir su voz y saberla lejos. Oirla reir pero no poder ver ni un solo atisbo de su sonrisa. Duele oir su voz quebrarse triste, y no poder secarle las lágrimas. Duelen los "te quiero" si no puede verlos en su mirada. Duelen los susurros cariñosos si no puede sentir el viento de sus palabras en el oido. No poder besarla, acariciarla o simplemente mirarla, riendo como solo ella sabe, duele. Por eso, él prefiere hacer dormir a su corazón.
Abi sufre por su ausencia. Y él por su recuerdo. Pero el sueño es inquieto, y en la duermevela, él la llamará. Porque vale más para él la alegría de ella que su propio dolor.